•0:18
Mi vida corre, quiero ir rápido, porque quiero que mi mundo cambie, cuanto antes, mejor.
Buscar siempre lo más rápido, no lo mejor, lo más breve, fugaz, con la esperanza de disfrutar esas pequeñas cosas en un futuro...¿lejano?
Quiero correr, dejarme llevar, no quiero vivir para mí, no ahora. Ni tampoco para los demás.
Mi mente va a la velocidad de la luz, va maquinando, me voy con ella y no me doy cuenta de que mi persona sigue en la tierra, con su condición humana y vulnerable, que me pide a gritos un respiro, dice que ya no puede más.
Oídos sordos, viviré para mí, pequeño, te cuidaré, pero no ahora.
Y de aquí para allá, vivo, percibo pequeños roces, pero no los siento. No siento nada ahora, pues ya sentiré después.
Quiero, puedo, hago, exploto.
Y hoy se ha sublevado, en el fondo me odia, me odio.
Hoy no estoy, no puedo más...
A partir de ahora prometo vivir, recrear como antes tantos buenos momentos, sorprenderme ante el mundo, prometo reír, sentir en la tripa algo más que meras agujetas cuando te vea.
Si paso de largo, ajetreada, cógeme fuertemente, no me dejes ir, y con una sonrisa recuérdame ese segundo.
...Y viviré de nuevo




Pues eso mismo.
H2O
•20:35


Todos los días la veía en lo más alto de aquel edificio. Conservaba el pelo largo y una trenza con cuatro pelos que casi tocaba el suelo. A veces vestía como yo, otros me contradecía. No nos conocíamos mucho.
Todos los días, a la hora que pasaba por ahí, amenazaba con tirarse. Gritaba, no lloraba, era fuerte. Siempre premeditaba esa decisión y siempre se plantaba a las cuatro y media ahí. A despedirse del mundo por todo lo alto.
A pesar de sus gritos, la gente normal no la escuchaba. Sólo yo. Ya sé que no soy normal.
Ayer me llamó desde lo alto mientras caminaba apresurada. Se había cortado el pelo y se había puesto la misma sudadera que yo.
Me estremecí.
Me preguntó con un grito desgarrador cuál era el sentido de mi vida. Un grito que vino a mí como un susurro al oído.
Desconcertada, la ignoré por primera vez.
Me alejé corriendo, llegaba tarde y no soportaba no verle un día.
Mi vida giraba entorno a él. Giraba y se mareaba...

Hoy he vuelto a pasar por ahí. Hoy no tocaba, seguía otra ruta, pero voluntariamente he pasado. No estaba.
He llamado a un timbre cualquiera, he dicho: Cartero comercial.
Me han abierto.
He subido por las escaleras, para hacer un último esfuerzo.
La he visto ya preparada. Se ha girado y me ha sonreído. Hacía tiempo que no sonreía así. Le he dado la mano, hacía mucho que no lo hacíamos. Me sentía bien, muy bien.
Dimos un paso más y otro... Mi corazón latía con fuerza.
Hastaluego



Quizá sea plan de irse a vivir a la Luna, ¿se viene alguien conmigo?
•22:42

Yo ahí en medio. He madrugado relativamente, teniendo en cuenta que me precedió una noche de sábado diferente, extraña, cervecera y con helados a la una, en medio de la calle con el frío que hacía.
Estoy nerviosa, no articulo sonido, no pienso, al menos hasta el momento. Tengo la cabeza en mil sitios.
Al unísono cantan, con alguna segunda voz camuflada que hace que le podamos llamar música con algo más de sentido.
Yo no canto, me excuso con lo de siempre.
Luego hablan, se estrechan la mano. Sonrío y evito hacerlo mucho. Excusándome en un tema de candente actualidad.
Repaso mentalmente lo que me espera esta semana, los humanistas se apoderan de mi mente.
Ellos continúan.
Quiero irme, estoy cansada, tengo muchas cosas que hacer.
Ahora vuelvo a la realidad, estoy sentada donde siempre y me siento una extraña. Los demás hacen ademán de saludarme, de dedicarme una sonrisa y no consigo reconocerlos.
Me siento fuerte, quizá más que nunca, pero no puedo manifestarlo. Por mí y por los demás.
Quizá es transitorio, como un resfriado, quizá se me pase, sería lo mejor para todos.
O tal vez no...


Diviso dos semanas grises tirando a negras...




Goodbye!
•22:24
Una de las cosas (pocas) que me gustan de los libros de texto, son los fragmentos que incluyen. La verdad es que muchos valen la pena. Recuerdo un extracto de una entrevista a Monserrat Caballé, la cenicienta de la ópera, creo. En ella decía que ayudando al prójimo no se sentía del todo bien, porque era tanta la satisfacción personal que sentía, que se consideraba egoísta y todo por ese bienestar. Hace mucho que la leí, pero los tiros iban por ahí. Seguro.
Otro texto que leí la semana pasada me hizo reflexionar (y esa es una de las cosas que más admiro de los libros, que hagan pensar). Hablaba de cómo se habían sucedido los avances tecnológicos tan rápidamente y en tan poco tiempo, relativamente. Comparaba un habitante del siglo V y otro del siglo XIX. Analizando el transporte, no difería mucho. Puede que en el último caso, fueran más rápidos (no mucho), pero ni se les había pasado por la cabeza trasladarse de un sitio a otro volando ni en tan poco tiempo. Otro aspecto que analizaba eran las comunicaciones. En ambos casos ni había teléfono ni nada similar. Era impensable hablar directamente con alguien que estuviera más lejos y mucho menos, verlo al instante. Pues bien, si en tantos siglos, las situaciones en muchos casos no han cambiado, pensemos en alguien de finales del siglo XIX e inicios del XX. La eletricidad, el teléfono, los primeros vuelos en avión, el ocio... Son unos cambios radicales.
Ayer estuve viendo cientos de fotografías del pasado. Mis abuelos, bisabuelos, Barcelona :), la vespa azul celeste, las fiestas del pueblo, los abrigos de piel, la plaza de España de Alcoy, llena de palomas... Y junto a ellas, dos magníficas cámaras fotográficas que acumulaban polvo en un armario olvidado. Pasamos horas viendo fotos, mi madre recordando su infancia, "atormentada" con los bichos de mis tíos, tan salvajes ellos, mi abuela, rememorando un único noviazgo que empezó algo pronto, pero cuyo amor sigue vigente, dadas las circunstancias...
Fue muy grato ese momento, ver cómo han cambiado las cosas. Ver una evolución en tantos sentidos, la radio entrando en su casa, la guerra, los colegios privados, la dictadura, los niños que únicamente pueden hablar castellano, su primer coche...
Y me gusta, me gusta estar con mi familia, me gusta ver las inscripciones de las lápidas, algunas muy especiales, me gusta correr por los fríos pasadizos y ver qué fecha es la más antigua, 1860, me gusta tocarle el pelo al pequeñajo, decirle princesa a mi princesa, aceptar los masajes del heavy de la familia y pelearme con mis tíos... Se nota que la Navidad se acerca...
En fin, actualización hecha sobre la marcha... Noviembre poco lluvioso y ganas de estrenar el paraguas. Deber por hacer y mañana examen de la lengua de Lazio... Las ideas clarísimas y nulas ganas de leerme el Poema de Mio Cid en castellano arcaico (:
Pasad una muy buena semana!

Ya eres mío... muahaha

El agua siempre va a la cuchara

•23:07

Las manos en los bolsillos, el andar particular, la mochila por el culo, destrozando la espalda. La ausencia, el desdén, mi mundo.
Un chicle en el suelo, un gato pasea a mi lado.
Alguien se acerca. Me giro, le miro. Dibuja una sonrisa bobalicona, me río. Lleva la mochila pegada al cuello, camina raro, más incluso que yo.
Me suena, me reconoce. Viene del cole.
Y tiene 21 años.
Titubea y me saluda, vuelve a sonreír.
Aparto mi indiferencia, le pregunto qué tal.
Ahora es él el ausente. Se entretiene mirando un papel en el suelo. Lo golpea con el pie, quiere darle la vuelta. Para qué. No sabe leer.
Se para, pelea con él, quiere voltearlo.
Tengo prisa, me acerco a el y sin querer, o tal vez queriendo, le cojo de la mano.
-Vamos.
Se estremece ante aquel contacto, me repele.
-Y eso que tienen fama de promiscuos- pienso.
Me mira con inseguridad un instante.
Ahora sonrío yo.
Me pregunta cómo es mi cole, y cómo son los profesores.
-Muy parecidos a los tuyos...
Con un exagerado gesto, se sube aún más si cabe la mochila. Luego hace lo mismo con los pantalones.
Seguimos caminando. Un pequeño dialogo, incorrecciones. No saber de qué hablarle. Y tampoco saber hasta dónde me va a acompañar. O cómo va a reaccionar en cualquier instante.
A lo lejos alguien le llama, creo que es su madre. Emite un sonido extraño y luego, una carcajada. Sale corriendo, parece que vaya a caerse.
Lo veo correr torpemente, cruza la carretera, sin mirar, sin preocupación. Se ha ido y no me ha dicho nada, ni un simple hasta luego -no me gusta decir adiós-
Me quedo parada. Sacudo la cabeza.
Y mientras llego a casa, más tarde que de normal, contemplo mi sombra.
Alguien anda cómicamente junto a mí...


Que os vaya bien y suerte a los que se han apropiado de fiestas ajenas para pasar el rato este fin de semana :)






[Un exceso de trabajadores causará a corto plazo un decrecimiento de la producción, porque hablaran entre ellos, tropezarán y pisotearán la producción]
-Me gusta quedarme a la izquierda
•22:38

Voy a llenar mi vida de cosas absurdas...
En primer lugar te voy a meter a ti, después tu sonrisa desaliñada, tu ignorancia, tus vicios, tu desdén, también tu poca vista, tus faltas de ortografía, tu voz de bufón, tus torpes pies...
¿Y sabes qué haré luego?
Guardarlo en un saco y cargármelo a la espalda, por idiota.




Lo más excitante de alcanzar mis propias metas es planear cuáles serán las próximas...
•23:11
Muchos saben lo que me cuesta a veces dormir. Para los que no lo sabían, ya lo saben.
Por eso muchas veces recurro a acostarme cuando ya no puedo más, porque así se que acabo cayendo rendida.
Las veces que no puedo dormir paso horas pensando, divagando y buscando las pegatinas fluorescentes que voy pegando en la habitación y que cada vez brillan menos.
Puede que muchas veces mis sueños tengan que ver con lo que he pensado antes de dormirme, con algo que me haya pasado ese día, algo que me preocupe...
Hace tres días me desperté sobresaltada y nerviosa. No, no era una pesadilla, la verdad, no suelo tenerlas y si las tengo, ya ni me asustan, día a día veo cosas peores.
Más que el sueño, lo que pasaba (acababa ahogándome en un mar lleno de plásticos y conos fosforescentes) y dónde ocurría (un sitio muy raro, un conjunto de todo lo que no me gusta), lo que más me sobresaltó fue QUIÉN salía en él. En el sueño me lo cruzaba, me miraba con sus ojos verdes y se paraba. Nos parábamos. Era tal y cómo lo recordaba, aunque hacía meses y meses que ni lo recordaba ni veía.
Aparte de él salían personas que conocía, pero no tenían nada que ver con él, con ese lugar y esa fecha. Gente que me puede caer bien o mal, pero que en el sueño se mostraban apáticos. Tenían la forma de ser que a veces tienen y que tanto me irrita. Digamos que cada uno mostraba su peor parte para mí.
Él no.
Era perfecto. Y se había dejado barba.
Sus ojos eran más bonitos que nunca y ya no hablamos de chistes tópicos.
Pero me quedé con ganas de saber de qué hablamos, y qué hicimos...
Fue tanta la "sorpresa soñada" que me desperté sin saber dónde estaba. Tardé bastante en reaccionar, no recuerdo qué hora era. No se cómo, después de tantísimo tiempo lo soñé.
Es sorprendente lo que puede pasar por nuestra mente (despiertos y soñando), cómo relaciona cosas que no tienen sentido, cómo adapta la realidad a su antojo. Deberíamos tener la capacidad de recordar todos los sueños. Se crearían historias mucho más fantásticas.
En fin, desde pequeña he creído en los sueños premonitorios...
Cambio de estación y renovación del template, el que había era demasiado estival y soy algo inconformista.
No quiero que llegue mañana... Hace cuatro meses que no me enfrento a unas calificaciones nefasti y creo que estas lo serán. Lo que me mosquea es que últimamente me vaya mucho mejor en Historia y Latín... en fin, todavía es pronto.
Sonreíd mucho y muy buena semana!


Lucy in the skype with diamonds!